Mi decisión de cambiar el agua de alberca por el suelo no
fue planeada. Recuerdo que era primavera y que vivía en Londres y que la vida
se volvía cada vez más complicada. Pensé que si lograba llevar un entrenamiento
de alto rendimiento para intentar participar en la maratón de Londres, mi mente
se disciplinaría y lograría persistir en mis esfuerzos por terminar de estudiar
una maestría que había resultado más difícil de lo que esperaba.
Así que un día de marzo, me amarré las agujetas, me metí mi
iPod blanco a la bolsa de mi sudadera rosa pastel y me fui a darle una vuelta a
Regent’s Park, que mide casi 5 km.
No sé si mis ganas de sacar adelante mis estudios fueron las
que me mantuvieron corriendo o si con los días le tomé el gusto a algo que anteriormente
rechazaba hacer.
Toda mi vida me ha encantado nadar. Disfruto sentir el agua
mientras desplazo mis brazos y pataleo continuamente con mis piernas. Correr,
sin embargo, me ha permitido tener otra perspectiva de las cosas y el parque
donde lo hacía ayudaba a que me abstrajera completamente en mis pensamientos y
mi música.
Al principio, me tuve
que obligar a seguir corriendo 5 kilómetros por lo menos tres días entre semana
y 10 kilómetros uno de los dos días del fin de semana. Supongo que también
ayudó el hecho de que estaba saliendo con un corredor semi profesional. Nunca
sabes realmente qué es lo que motiva a tu subconsciente.
Hoy he vuelto a pensar que debería de retomar el
entrenamiento que abandoné cuando lastimé mi rodilla en un viaje a Estambul. Si
bien sigo corriendo, nunca lo he vuelto a hacer con la misma intensidad.
Estoy en una nueva etapa de mi vida que requiere aun mayor
disciplina que intentar sacar una maestría en economía adelante.
Probablemente la disciplina la ejerces o no,
independientemente de si corres diario, pero sigo creyendo que el cuerpo puede
llegar a transmitir a la mente la manera de seguir corriendo incluso en momentos
duros, como cuando el cansancio y el dolor de tus piernas te piden detenerte,
pero no lo haces para poder llegar a la meta. Así es en la vida y en algún
lugar hay que aprenderlo.

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