martes, 18 de septiembre de 2012

The Lake District


Antes de que el cielo comience a clarear, rechina la puerta blanca de madera. Chris, el granjero malhumorado, sale mientras se acomoda las botas de plástico verde militar que calza por encima de su overol de mezclilla. El sonido de las piedras que se incrustan en el lodo a cada paso del delgado hombre, se dejan de escuchar por los ladridos de Star, que corrió detrás de su dueño. El can, de pelaje blanco y negro, rebasa a Chris y salta sobre la reja del corral en el que están encerrados los doscientos y tantos borregos y corderos. Los animales, que hasta hace unos instantes dormían recargados uno sobre el otro, se levantan alterados y comienzan a balitar y a empujarse. Chris zafa la cuerda con que mantenía cerrada la reja del corral y se hace a un lado para dejarlos pasar sin que lo tiren al suelo. El perro, que no ha dejado de ladrar, corre al lado del enjambre de borregos que salpican agua al cruzar el río y hunden el suelo encharcado por las lluvias de agosto. Chris sigue recargado en la reja y observa cómo, poco a poco, las verdes montañas se pintan de manchas blancas. Después de tomar la pala con que limpiará el corral, emite un chiflido largo y agudo. Star baja corriendo por las montañas, hasta volver con su dueño, a quien acompañará echado en el pasto en sus labores diarias.

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