viernes, 19 de abril de 2013

Hay días en los que siento que no encajo y no me siento identificada con nadie (o con muy pocas personas). Recuerdo que una persona alguna vez me dijo que yo era tan extraña en mis reflexiones y mis principios que probablemente era de Marte o de algún otro planeta y que por azares del destino había acabado aquí. Hoy es uno de esos días. Volteo a mi alrededor y me siento una completa extraña, una extranjera en mi propia tierra.


martes, 19 de marzo de 2013

No hay encuentros fortuitos.
Pensar la vida así me trae un poco de sosiego.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Por qué correr?


Mi decisión de cambiar el agua de alberca por el suelo no fue planeada. Recuerdo que era primavera y que vivía en Londres y que la vida se volvía cada vez más complicada. Pensé que si lograba llevar un entrenamiento de alto rendimiento para intentar participar en la maratón de Londres, mi mente se disciplinaría y lograría persistir en mis esfuerzos por terminar de estudiar una maestría que había resultado más difícil de lo que esperaba.
Así que un día de marzo, me amarré las agujetas, me metí mi iPod blanco a la bolsa de mi sudadera rosa pastel y me fui a darle una vuelta a Regent’s Park, que mide casi 5 km.
No sé si mis ganas de sacar adelante mis estudios fueron las que me mantuvieron corriendo o si con los días le tomé el gusto a algo que anteriormente rechazaba hacer.
Toda mi vida me ha encantado nadar. Disfruto sentir el agua mientras desplazo mis brazos y pataleo continuamente con mis piernas. Correr, sin embargo, me ha permitido tener otra perspectiva de las cosas y el parque donde lo hacía ayudaba a que me abstrajera completamente en mis pensamientos y mi música.
 Al principio, me tuve que obligar a seguir corriendo 5 kilómetros por lo menos tres días entre semana y 10 kilómetros uno de los dos días del fin de semana. Supongo que también ayudó el hecho de que estaba saliendo con un corredor semi profesional. Nunca sabes realmente qué es lo que motiva a tu subconsciente.
Hoy he vuelto a pensar que debería de retomar el entrenamiento que abandoné cuando lastimé mi rodilla en un viaje a Estambul. Si bien sigo corriendo, nunca lo he vuelto a hacer con la misma intensidad.
Estoy en una nueva etapa de mi vida que requiere aun mayor disciplina que intentar sacar una maestría en economía adelante.
Probablemente la disciplina la ejerces o no, independientemente de si corres diario, pero sigo creyendo que el cuerpo puede llegar a transmitir a la mente la manera de seguir corriendo incluso en momentos duros, como cuando el cansancio y el dolor de tus piernas te piden detenerte, pero no lo haces para poder llegar a la meta. Así es en la vida y en algún lugar hay que aprenderlo.

martes, 12 de febrero de 2013

Paciencia

Photo: Salvatore Vuono

Nunca he sido una mujer paciente. Me gusta que las cosas sucedan pronto y que pueda dar el siguiente paso en poco tiempo. Esto, por supuesto, casi siempre es más problemático que provechoso. Vivo en un país donde la rapidez no es parte de la cultura. Pero ni siquiera cuando vivía en el Reino Unido los tiempos eran lo suficientemente rápidos para mí. Una renovación de visa de estudiante tardaba por lo menos 60 días. Un permiso de trabajo unos 40 días hábiles, y eso, si decidían dármelo a la primera.

A pesar de que las cosas importantes en la vida han tomado tiempo en llegar, no logro quitarme esa sensación de urgencia permanente, como si mañana se fuera a terminar el mundo.

Para poder irme a estudiar a Londres, tuve que prepararme durante unos cinco años y trabajar otros cinco. La primera solicitud fue rechazada, así que tuve que esperar dos años antes de volver a aplicar.

Después de dejar el periodismo por primera vez, pasaron unos tres años antes de que volviera a trabajar en medios de comunicación.

Poder nadar sin tener que pensar en la respiración y el estilo me costó estar en el agua por lo menos tres veces a la semana, durante unos cinco años.

Como bien dice el famoso dicho, Roma no se hizo en un día y la vida de un ser humano tampoco.

Alguna vez un amigo me dijo que cuando me veía sentía que yo había vivido muchas vidas, por la variedad de cosas que he hecho. Sin embargo, ninguna de ellas se hizo realidad en semanas, ni siquiera meses. Las cosas que importan toman tiempo.  

¿Cuál es entonces la urgencia? ¿O, por qué estoy corriendo?

Tal vez es esa sensación de que nunca me va a alcanzar el tiempo para poder hacer todo lo que quiero y sueño, pero olvido que lo que importa, a veces, no es el objetivo sino el camino. Lo valioso no es Ítaca, sino la ruta que nos llevará a ella.  

lunes, 21 de enero de 2013

Tiene cierto encanto sentirte en medio de la nada y de todo a la vez. Estar en un lugar que ha sido visitado por no más de una decena de personas en miles de años. Sentir una leve falta de oxígeno, ver cómo la piel se te va humedeciendo por el calor que contrasta con el viento seco y helado de invierno exterior y detectar huellas dactilares antiquísimas marcadas en la pared. Observar cómo la ciencia moderna es lo único capaz de luchar por recuperar una verdad perdida con el tiempo, sin siquiera tener la certeza de que se logrará descubrir una pequeñísima parte de la realidad que fue. Pensar en las personas que se introdujeron a ese largo pasadizo buscando lo sagrado. Sorprenderte por una gota fría de agua que ellos creían que provenía de un manantial de los Dioses. Salir y volver a la realidad con la sensación de que el azar te ha escogido para poder entrar a esa cueva divina.

sábado, 12 de enero de 2013

Agua

Hoy quiero cerrar los ojos y soñar con agua. Oírla, sentirla fresca sobre la piel, olerla limpia o sobre la tierra seca, nadar en ella hasta que el cuerpo dormido me exija detenerme y resignar el alma a los deseos oníricos. Olas del Caribe. Lluvia fina de verano. Ríos amarillo, rojos y tranquilos de otoño. Cascadas altísimas y agresivas. O simplemente una brisa inesperada en una mañana cálida, el rocío que se evapora mientras sale el sol. El agua me da sosiego siempre. Me gusta imaginar cómo suena cuando choca contra mi piel o recordar cómo me deslizo en ella, casi flotando, sin pensar en nada más que avanzar y después volver y así hasta el infinito, hasta que la vida se termine...

lunes, 7 de enero de 2013

Serpientes


Imagen: bplanet
Este año es el de la serpiente en el horóscopo chino y fue en un año serpiente que nació, hasta ahora, mi única sobrina. Mi segundo sobrino nacerá este año y será también serpiente, o hebi, como le dicen en Japón a esos reptiles. En el mundo real, fuera de los horóscopos chinos, me producen repulsión y algo de miedo. Cuando sueño con ellas su presencia es más bien parte de una pesadilla o un mal presagio. Mi psicóloga no opinó lo mismo cuando le conté que había soñado serpientes arrastrándose sobre lodo que salían de una canasta enorme. Para ella, las serpientes son símbolo de transformación constante porque cambian de piel cada cierto tiempo. Tal vez ese sueño presagiaba cambios en mi vida. Quitarme la piel vieja para vivir con una nueva pero sin alterar la esencia de mi ser. Las serpientes dejan la piel vieja y seca en el camino y siguen avanzando. Así es como algunos sugieren vivir: dejar lo inservible y continuar con ánimos renovados. Decirlo es más sencillo que ponerlo en práctica, pero es año nuevo y es un buen momento para deshacerme de la epidermis que porté durante el 2012.